Nosotros contra ellos. El aislamiento en los grupos de crecimiento personal

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«Uno de los factores clave de la adicción al desarrollo personal es la pertenencia a un grupo. Cuando se pasa varios años en ellos los compañeros acaban deviniendo personas realmente íntimas. Es una de las cosas que más echo de menos de esos años de terapias: el sentido de pertenencia, el reencuentro periódico con esas personas con una motivación común, el permiso a la desinhibición y, sobre todo, la libertad, mucho mayor de la que encontraba en el exterior. O así lo creí mientras estuve dentro.» (La burbuja terapéutica, Arpa Editores, 2018)

Cuando se pasa por épocas complicadas, ya sea porque uno se siente bloqueado, solo o en plena crisis de identidad, es habitual buscar respuestas en grupos de desarrollo personal. En mi caso no caí en ninguno de los considerados típicamente sectarios o destructivos, pero sí estuve acudiendo durante largas temporadas —varios años— a algunos en los que se daba el efecto sutil del «nosotros contra ellos» del que vamos a hablar en este post. Estos grupos, menos evidentemente sectarios y más pequeños   —y, por ende, poco conocidos—, resultan más complicados de detectar y señalar, más aún cuando se presentan con la etiqueta de terapéuticos.

Shangri-La

Un grupo de apoyo, en su sentido más amplio, es un espacio de soporte emocional y relacional en el que avanzar hacia un mayor bienestar en compañía de otras personas, que suele tener ciertos efectos positivos en el ser humano al fomentar su capacidad de empatizar con el prójimo logrando así reducir su egocentrismo. Su aparición se remonta a la antigüedad y, en la mayoría de ocasiones, estuvo ligada a un aumento del interés por el autoconocimiento o a la profundización en alguna disciplina espiritual de las comunidades en las que surgieron. Fue en la primera mitad del siglo pasado cuando aumentaron su popularidad al aparecer grupos tan conocidos globalmente como Alcohólicos Anónimos o las primeras formaciones alrededor de maestros hindúes llegados a occidente como Paramahansa Yogananda o Vivekananda. Sin embargo, es en la segunda mitad del siglo XX cuando se produce la gran eclosión de los grupos terapéuticos y de desarrollo personal, incluyendo un abanico de posibilidades mucho más heterogéneo que comprende desde grupos liderados por algunos de los psiquiatras y psicólogos más prestigiosos de la época —como Fritz Perls, Carl Rogers o Irvin Yalom— hasta infinidad de grupos afines a las terapias alternativas, rozando lo esotérico y el new age

«Todo fenómeno que desee triunfar necesita su lugar mítico, su Shangri-La. En el campo del desarrollo personal este fue el Esalen Institute.»

Todo fenómeno que desee triunfar necesita su lugar mítico, su Shangri-La. En el campo del desarrollo personal este fue el Esalen Institute, fundado en California a inicios de los años sesenta en plena efervescencia del movimiento hippy. Era una época de contracultura, de ruptura con lo dogmas antiguos, en la que salir del armario de la terapia individual y exponerse en grupo se consideraba muy beneficioso, casi imprescindible. 

Por Esalen pasaban cada año una media de 25.000 personas, incluyendo a los maestros, profesores y terapeutas más célebres de la época como Alan Watts, Carlos Castaneda o Abraham Maslow. La periodista Jane Howard describió su experiencia en el mismo como «Un encuentro por unas pocas horas, o unos pocos días, de unas doce o dieciocho personas, cumplidoras, locamente normales y temporalmente olorosas. Su destino es la intimidad, la confianza y la conciencia de su comportamiento en grupo. Su vehículo es la honestidad. En muchos casos jamás se habrán encontrado antes pero, como ‘extraños en un tren’, rápidamente hablan de sus más profundas emociones. A veces se usan artilugios, ejercicios y atrezo, a veces no. Algunos de ellos gritan, se enfurecen, lloran, atacan y finalmente se abrazan unos a otros.» 

Variaciones del modelo de Esalen se han extrapolado a todo el mundo con más o menos acierto y muchos de los de grupos, talleres y retiros que se pueden encontrar respetan la esencia que aquellos rebeldes californianos establecieron. 

«En todo el diccionario no hay dos palabras que estén más lejos la una de la otra que ellos y nosotros.» ~ Benjamín Prado

Idiosincriasia grupal

Antes de proseguir, quiero insistir en que, en muchos casos, estos grupos de apoyo realizan una función positiva y, durante un periodo de tiempo, pueden servir de ayuda. También decir que no me centraré en una tipología de grupos en concreto sino que intentaré un acercamiento lo más general posible. Con todo ello, la intención es señalar que no son pocos los grupos de apoyo que toman derivas sectarias, separando cada vez más a sus miembros de la realidad exterior, y que esta tendencia no siempre es fácil de detectar, especialmente para quien ya se encuentra muy inmerso en el grupo. Para explicar cómo se produce este fenómeno me centraré en tres factores clave dentro de la idiosincriasia grupal: lenguaje, liderazgo y rituales.

Lo primero que uno percibe al entrar dentro de un grupo de desarrollo personal es que existe un lenguaje propio, un código comunicativo usado entre los miembros, que refuerza el sentido de pertenencia y hace el grupo menos accesible a cualquier persona foránea al mismo. Es, por tanto, necesario aprender y hacer tuyo este lenguaje único del grupo para integrarte en el mismo y poder comunicarte con los demás miembros. En mi caso, muchas de las palabras y expresiones utilizadas me resultaron extrañas y carentes de sentido al principio, pero es significativo cómo en poco tiempo, las fui incorporando hasta hacerlas propias. 

«La figura del maestro es clave, y casi todo gira en torno a sus decisiones, sus filias y sus fobias.»

En segundo lugar, como cualquier comunidad o tribu que se precie, un grupo de desarrollo personal necesita de un líder. Cabe decir que me refiero a la persona presente físicamente en el grupo, no al gurú vivo o ya fallecido que suele servir de referente, por ejemplo, en las franquicias de instituciones procedentes de la India. El líder, como figura carismática, es quien marca, para bien o para mal, el devenir del grupo, tanto mediante las enseñanzas que imparte durante los encuentros, como a través de la jerarquía que establece a su alrededor, distinguiendo entre sus más fieles allegados y miembros secundarios. La figura del maestro es clave, y casi todo gira en torno a sus decisiones, sus filias y sus fobias. Incluso aspectos como el lenguaje, que comentaba en el punto anterior, están marcados por el líder. Durante mis experiencias  en este tipo de grupos me llamó enseguida la atención cómo los miembros más cercanos al líder hablaban de manera parecida a este, y no sólo por el vocabulario que utilizaban, sino porque incluso la entonación y la cadencia eran similares. 

Por último, cualquier actividad que se realice dentro del grupo adquiere un carácter ritual, que permite reforzar los lazos entre los miembros del mismo. Por ejemplo, en la mayoría de grupos, se valora y aplaude especialmente la exposición pública de sentimientos que, normalmente, uno oculta. Este mostrar las sombras confiere a ese espacio un carácter especial, casi sagrado, en el que uno puede desnudarse —a veces, incluso, literalmente—. Al igual que pasaba con el lenguaje, cualquier dinámica que pueda parecer chocante en un inicio se va adoptando como propia, lo que hace que el grupo fluya y funcione como una unidad. En la ritualización se establecen una serie de códigos de conducta, como puede ser mostrar empatía y escucha hacia los demás miembros o vestirse con una determinada estética. Todo ello refuerza la cohesión y la sensación tribal.

«Una tribu es un grupo de personas conectadas entre sí, conectadas a un líder y conectadas a una idea». ~ Seth Godin

Conmigo o contra mí 

Una vez expuestos los tres aspectos clave dentro de la dinámica grupal, expondré en qué momentos el grupo puede empezar a ser más un problema que una solución, una cárcel que un espacio de libertad. Lo primero que debemos recordar es que cualquier grupo se plantea como un espacio de mejora del bienestar, terapéutico, sanador, introspectivo o catártico según la rama en la que se inscriba. En mi caso, participé mayoritariamente en grupos que se centraban en el autoanálisis con el objetivo de hallar qué traumas, carencias y neurosis cargamos desde la infancia. Alargada en el tiempo, esta introspección infinita derivaba en un estado de autocentramiento y ensimismamiento con uno mismo que a mí me resultaba agotador, pero si me resistía al autoanálisis el resto de participantes veía con suspicacia mi actitud. Interpretaban mi rechazo como una manera de protegerme y no mostrarme a los demás, lo cual era considerado como un ataque al grupo. Enseguida aprendí que abrirse en canal delante de todos, a ser posible con algunas lágrimas, era lo correcto. Para llevar a cabo estas dinámicas de introspección se proponían retiros en silencio de varios días o ejercicios catárticos intensos, incluso la toma de sustancias psicodélicas. Todo valía si se conseguía el objetivo de la abreacción emocional y con ello desenterrar traumas de la infancia, liberarte de corazas corporales o trascender el ego para que aflore la verdadera personalidad, por citar ejemplos clásicos del trabajo llevado a cabo.

«El grupo puede empezar a ser más un problema que una solución, una cárcel que un espacio de libertad.»

Este imaginario terapéutico es infinito y casi siempre de difícil comprensión, lo que alarga la estancia en el grupo ya que siempre quedan cosas por descubrir. Además, este tipo de experiencias tan intensas fortalecen los lazos entre los miembros al tiempo que condicionan nuestra autoestima a su valoración y aceptación. Lo negativo de este tipo de enfoques es que son patologizantes, es decir, se enfocan siempre en el déficit. Además, el ensimismamiento en uno mismo da lugar a cierta soberbia espiritual: se promueve la creencia de que la gente del exterior no se trabaja interiormente aflorando un complejo de superioridad, de poseedor de la verdad, de soberbia espiritual, que provoca un trato condescendiente hacia los ignorantes de fuera. El oasis terapéutico, aislado y hermético está servido. No son pocas las personas que, buscando cada vez mayor refugio en el grupo, abandonan sus quehaceres cotidianos y relaciones antiguas por ser demasiado mundanas, superficiales y, según su nuevo entorno, tóxicas. El sistema se acaba convirtiendo en el enemigo a batir y, cuánto más rígido se vuelve el ideario del grupo en torno a estas creencias, mayor es el aislamiento de los individuos respecto al exterior

«La supervivencia del grupo está por encima de todo, y es el pacto no escrito que sustenta su continuidad en el tiempo.»

Paradójicamente, lograr mayor libertad es uno de los principales argumentos que se esgrimen para participar en un grupo terapéutico. A priori, al tratarse de un espacio cerrado e íntimo que premia la desinhibición, se tiene una sensación de mayor libertad que fuera. Sin embargo, puede ser justo lo contrario: se insiste, de manera más o menos velada, en un acatamiento sin rechistar de las dinámicas internas de funcionamiento, así como del nuevo credo. La supervivencia del grupo está por encima de todo, y es el pacto no escrito que sustenta su continuidad en el tiempo. El profesor de teatro terapéutico de uno de los grupos a los que asistí me pareció un patán desde el primer momento, hecho que fue percibido por él enseguida. El tercer día de taller me llamó imbécil delante de todo el grupo con la doble intención de amedrentarme y poner al resto de la clase en mi contra. He presenciado cómo vapuleaban y vejaban a ciertas personas por cuestionar lo que se estaba llevando a cabo en un grupo, con la intención de producir el rechazo del resto de los miembros y, con suerte, el aislamiento del rebelde. Aislamiento que se convierte en expulsión si el disidente no modifica su conducta. Varios estudios muestran que, incluso al producirse actos inmorales dentro de un grupo, con tal de proteger la supervivencia del mismo, sus miembros optan por ocultarlos en vez de defender a las víctimas de dichos actos.

Son muchos los cuestionamientos que pueden aparecer dentro del grupo. Como contaba en el ejemplo anterior, uno de los más habituales es la duda en torno a la figura omnipresente del maestro. Alrededor de él se crea una fuerte jerarquía compuesta por los miembros más antiguos que defienden a capa y espada a su mentor, tanto por la dependencia emocional que han establecido con él, como por los beneficios económicos que les reporta estar arriba. La influencia del maestro estructura un pensamiento único grupal y la subordinación a él es clave para encajar e integrarse. Cabe recordar que la entrada a estos grupos suele ocurrir en momentos de crisis vital por lo que es lógico que se pretenda encajar y encontrar un espacio de refugio y aceptación en ellos. En ese momento de fragilidad, uno se pone en manos del maestro, al que, como figura paternal, uno no quiere defraudar. 

«Entrar a formar parte de los elegidos no es fácil, existe competencia entre los aspirantes, una lucha por demostrar quién es el más profundo, el más trabajado, espiritual, evolucionado, consciente.»

Una de las mejores sensaciones que ofrecen estos grupos, y que, por tanto, facilita el enganche a los mismos, es la de sentirse elegido por el maestro y ser aceptado como uno de sus preferidos. Entrar a formar parte de los elegidos no es fácil, existe competencia entre los aspirantes, una lucha por demostrar quién es el más profundo, el más trabajado, espiritual, evolucionado, consciente, etc. Esa batalla por alcanzar la cercanía al líder implica una mayor fidelidad al mismo y un mayor enfrentamiento con el mundo exterior. En casos extremos, tras varios años acatando creencias muy rígidas, se llega a producir un auténtico lavado de cerebro y lo que tenía que ser un espacio de libertad termina por convertirse en el único lugar de convicencia posible para el individuo, ya que los insights y comportamientos del grupo no pueden trasladarse fuera porque allí carecen de todo sentido. En casos así los cimientos se tambalean, los vínculos caen, algunos se alejan de sus familias o dejan a sus parejas y muchos incluso cambian de trabajo convirtiéndose en terapeutas para estar el máximo tiempo  posible cerca de su maestro y seguir ad infinitum su batalla contra todo lo que huela a establishment. Con la publicación de mi primer libro, no son pocas las personas que me han escrito que, como yo, se encontraron con grupos terapéuticos que los atraparon durante años.  En estos grupos se sabe cuándo entras pero no cuándo podrás salir. 

*Este artículo se ha publicado con motivo de mi participación en el V Encuentro nacional sobre sectas que tendrá lugar en Bilbao los días 6 y 7 de marzo organizado por la http://www.aiiap.org/

Photos by Hudson Hintze  Kimson Doan  fdf  petr sidorov  Toimetaja tõlkebüroo  on Unsplash

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